"Toda clase
de pieles" de los hermanos Grimm
En un reino muy, muy lejano, vivían unos
jóvenes reyes muy queridos por el pueblo. Él era alto, fuerte y generoso; ella,
dulce, hermosa y bellísima hasta tal punto que la consideraban la “más guapa
del lugar”. Pasaron los años y de su amor nació una linda princesa, llamada
Abigail, que dicho nombre significa “alegría del padre”, ya que
desgraciadamente la Reina
no consiguió recuperarse del parto.
Sintiendo que llegaba su final, la Reina dejó a su recién nacida
hija un regalo que su padre debería entregárselo cuando Abigail cumpliera 10
años. Consistía en una caja de música que contenía un regalo: su anillo de
boda. Además, le pidió a su marido que por favor se casará con otra mujer pero
que cumpliera un gran requisito: ser más hermosa que ella.
Los años pasaron. El Rey cuidó de su hija, la
mimó y la educó, y le dio todo el amor del mundo. El día del décimo cumpleaños
de Abigail, padre e hija mantuvieron una conversación:
- Abigail, debo contarte un hecho de suma importancia para
los dos. Primero, voy a cumplir el deseo de tu madre. Toma. Esta caja de música
y su contenido te la dejó como muestra de su amor y cuidado. Y segundo, debo
contraer un nuevo matrimonio por el bien de mi reino. Aunque esto suceda, mi amor
por ti será eterno.
- ¿Qué es lo que contiene la caja, papá?
- Deberás abrirla y descubrirlo por ti misma.
Abigail
abrió su regalo, comenzó a sonar la música y sacó el anillo. Se quedó
entusiasmada por lo hermoso que le pareció su regalo. Inmediatamente se lo
colocó en el dedo.
Durante
varios años, los consejeros reales y el mismo Rey estuvieron buscando por todo
el mundo a una mujer más bella que su primera esposa pero sin éxito. Observando
un día a Abigail, el Rey pensó: "Ella es muy hermosa, más que su madre.
Así, pues, me casaré con ella".
Abigail
amaba a su padre pero rechazó la propuesta. El Rey insistía día tras día.
- Vale, padre, acepto pero con una condición. Debes regalarme
un vestido dorado como el sol, unos zapatos del color de luna, y un abrigo con
todas las pieles del mundo.
-Trato hecho. Conseguiré hacerte un vestido de oro, unos
zapatos de plata y un trocito de piel de todos los animales para tu abrigo-,
aceptó el Rey y se puso manos a la obra.
Año tras
año, el Rey y sus consejeros trabajaron duramente para tener los tres regalos.
Sorprendentemente, lo consiguió por lo que Abigail tuvo que cumplir su palabra
de casarse. Esa misma noche, la joven tomó sus regalos, la caja de su madre y
huyó del reino lo más lejos posible. Días tras día, semana tras semana, caminó
por mil senderos diferentes. Cansada, se recostó en un árbol tapándose con su
abrigo, cayendo en un profundo sueño. Al despertar, se asustó porque estaba
rodeada de cazadores que la miraban fijamente:
- Por favor, no disparéis. Solo soy un animal asustado.
- No eres un animal, eres una chica. ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Toda-clase-de-pieles- mintió- Solo quiero vivir
en paz. Dejadme, por favor.
- Vente con nosotros. Comerás y beberás todo lo que desees.
Y trabajarás en la cocina de palacio.
Uno de estos cazadores era Samuel, príncipe de
un reino vecino, pero Abigail no lo sabía. Aprendió a cocinar y disfrutaba de
su nueva vida. Todos los días le preparaba la comida al Príncipe Samuel y, poco
a poco, se fue enamorando de él.
Como es normal, el Príncipe Samuel debía
casarse y su padre celebró una fiesta donde invitaba a todas las jóvenes
casaderas del reino. Toda-clase-de-pieles también quería ir a la fiesta y le
pidió permiso al cocinero:
- Por favor, déjame ir. Me esconderé para no molestar.
- Mmmm… Está bien… Pero vuelve pronto porque hay mucho que
hacer aquí en la cocina.
- ¡Claro que sí! Muchas gracias.
Toda-clase-de-pieles se bañó, se maquilló,
peinó su cabello, se puso su vestido dorado, sus zapatos plateados y fue al
baile real. El Príncipe se quedó perdidamente enamorado de ella y le preguntó:
- ¿Me permites este baile?
- Sí, alteza.
- Qué hermoso anillo.
- Gracias. Es un regalo de mi madre. Era su anillo de boda.
- ¿Cómo te llamas?
- Me llamo…
De repente, Toda-clase-de-pieles se dio cuenta de
que era muy tarde y tenía que salir de allí para hacer sus labores. Corrió a su
habitación, se cambió de ropa, se ensució la cara y las manos y regresó a la
cocina:
- Pero, ¿qué horas son estas de llegar?- preguntó el
cocinero.
- Lo siento. Me entretuve.
- Rápido. Limpia los cacharros. Prepara un pastel para el
Príncipe. Cuando acabes, barre y friega la cocina antes de irte.
Toda-clase-de-pieles se puso manos a la obra:
limpió los cacharros, preparó un rico pastel y, cuando acabó, barrió y fregó la
cocina. Lo que no sabía Toda-clase-de-pieles es que, preparando el pastel, se
le cayó el anillo y se había quedado dentro de la masa.
Al día siguiente, Toda-clase-de-pieles cortó un
trozo de pastel y se lo llevó al Príncipe Samuel para desayunar.
- Alteza, su desayuno está servido.
- Muchas gracias. Déjalo por ahí. Perdona… ¿nos conocemos?-
el Príncipe creía reconocer a la joven de la noche anterior pero no estaba
seguro.
- No, señor. Solo soy una simple cocinera.
El
Príncipe Samuel cogió su trozo de pastel y comenzó a saborearlo. De repente,
algo duro le hizo daño en los dientes. Perplejo, se sacó un anillo de la boca.
Lo miró. Miró a Toda-clase-de-pieles y dijo:
- Tú eres la chica de ayer, la chica con la que bailé.
Desde que te vi, supe que serías mi esposa. Toma. Este es un anillo compañero al tuyo. Tú eres el amor de mi vida.
Quiero casarme contigo y vivir juntos el resto de nuestras vidas. Me da igual
tu condición, solo quiero estar contigo. ¿Quieres casarte conmigo?
- Sí, quiero. A partir de ahora, no habrá secretos entre
nosotros.
Le dijo que su verdadero nombre era Abigail. Le
contó todo lo que había sufrido en los años anteriores y vivieron felices para
siempre.
Argumentación sobre los cambios realizados
El cuento
que he adaptado es "Toda clase de
pieles" de los hermanos Grimm para niños de edades comprendidas entre los 7
y 8 años. He elegido esta edad porque, a nivel emocional, comienzan a querer
tener cierta independencia y empiezan a cuestionar la autoridad de los padres,
al igual que le pasa a la protagonista del cuento. Los niños ya se ubican en la
tercera etapa de Piaget, la de operaciones concretas: son capaces de comprender
los diferentes estados de ánimo, el por qué la protagonista miente a su padre
para no casarse con él, distinguen claramente los puntos de vista del narrador
y de los personajes, pueden sacar sus propias deducciones... Estamos ante un
mejoramiento de la capacidad de pensar (A. Nortes Checa, 1991).
He tenido en cuenta el interés de los niños a la hora de
adaptar el cuento, teniendo presente el cuadro de
“evolución de los intereses del niño en relación a la literatura” hecho por
Francisco Cubells. Estamos
en la etapa imaginativa, donde los temas más tratados y que más les interesan
son: los cuentos maravillosos; las narraciones
sencillas; cuentos folklóricos y maravillosos (hadas) tradicionales (Perrault,
Grimm…); cuentos
que le presenten finales felices y justos, que le permitan desarrollar su
capacidad para percibir detalles, entre otros.
Todo ello, ha sido plasmado en mi adaptación de este cuento de los hermanos
Grimm.
Asimismo,
se ha reducido significativamente el cuento pues, como dice V. Propp (2006): «Para
conseguir una exposición más breve y más viva, hubo que renunciar a muchas
cosas que habría apreciado el especialista» (p. 14).
Aunque se ha dejado los elementos más importantes, se ha disminuido el relato para que los niños puedan seguir el cuento más fácilmente y así poner su atención en
estos elementos importantes. No por ello se ha modificado la estructura que los
hermanos Grimm realizaron:
- Presentación del espacio
y de los personajes.
- Regalo de la Reina para la princesa y
promesa del padre.
- Entrega del regalo.
- Búsqueda de una mujer más
hermosa que la antigua reina.
- Propuesta de matrimonio a
la princesa.
- Regalos de petición y
matrimonio.
- Huida del reino.
- Llegada a un segundo
reino.
- Presentación del
príncipe.
- Fiesta para encontrar
esposa.
- Reconocimiento del amor
verdadero (final feliz).
Para realizar todos los cambios, me he basado en Bruno
Bettelheim (1994): «Tolkien afirma que los aspectos imprescindibles en
un cuento de hadas son fantasía, superación, huida y alivio; superación de un
profundo desespero, huida de un enorme peligro y, sobre todo, alivio» (p. 165). Así, pues, he procurado que esos cuatro
elementos se den a lo largo de mi adaptación:
- Fantasía: el cuento está
ubicado en un reino lejano, por lo que cada niño puede imaginárselo como más le
guste.
- Superación:
Toda-clase-de-pieles consigue remontar diferentes momentos críticos como, por
ejemplo, la muerte de su madre, la proposición de matrimonio por parte del rey
y dejar de ser una cocinera para convertirse otra vez en princesa.
- Huida: la princesa
abandona su hogar por no querer contraer matrimonio con su padre.
- Alivio:
Toda-clase-de-pieles consigue casarse con el príncipe y ser feliz con él.
Los cambios realizados son los siguientes:
- Tanto a la princesa como al príncipe, le he puesto nombre
para individualizarlos; así, los niños pueden identificarlos más fácilmente y
centrar su atención sobre ellos. El nombre de "Abigail" encierra un significado
más profundo: al morir su madre, vive felizmente con el Rey, de ahí que
signifique "alegría del padre".
- El regalo de la madre era una caja con tres colgantes. Lo
he cambiado a una caja de música y solo contiene el anillo de boda para centrar
la atención en este pequeño elemento. Me gustó la idea de la caja de música
porque representa el sentimiento de su madre cada vez que la princesa abra la
caja y la escuche.
- Acorto los regalos (tres vestidos y el abrigo) para no
ser muy repetitivo, sustituyéndolos por un vestido, un par de zapatos y el
abrigo, que serán los elementos que le servirá para escapar de su hogar e ir a
la fiesta del príncipe.
- La fiesta del Príncipe pasa de tres días a
uno, pues considero que vuelve a ser repetitivo, los niños puedan seguir con
interés la trama y no aburrirse.
- En vez de preparar un bol de consomé, Toda-clase-de-pieles prepara un pastel para el príncipe,
elemento mucho más llamativo para niños de estas edades.
- En vez de colocar el anillo en el plato, éste se le cae preparando
la masa para que así el Príncipe lo encuentre y pueda identificarla. Son pasos
simples que captan el interés del niño. Así provocamos la sorpresa al receptor.
-Y, sobre todo, he puesto diálogos que sirven para dar
viveza al cuento y ser mucho más ameno a los oídos de los niños.
BIBLIOGRAFÍA
- Bettelheim B. (1994): Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
- Nortes Checa, A. (1991): Operaciones concretas y formales. Universidad de Murcia.
- Pelegrín, A. (2004): La aventura de oír: cuentos tradicionales y literatura infantil. Madrid: Anaya
- Propp, V. (2006): Morfología del cuento. Madrid: Fundamentos




