martes, 20 de enero de 2015

Texto folclórico corregido

"Toda clase de pieles" de los hermanos Grimm


En un reino muy, muy lejano, vivían unos jóvenes reyes muy queridos por el pueblo. Él era alto, fuerte y generoso; ella, dulce, hermosa y bellísima hasta tal punto que la consideraban la “más guapa del lugar”. Pasaron los años y de su amor nació una linda princesa, llamada Abigail, que dicho nombre significa “alegría del padre”, ya que desgraciadamente la Reina no consiguió recuperarse del parto.

Sintiendo que llegaba su final, la Reina dejó a su recién nacida hija un regalo que su padre debería entregárselo cuando Abigail cumpliera 10 años. Consistía en una caja de música que contenía un regalo: su anillo de boda. Además, le pidió a su marido que por favor casará a su hija con un joven para perpetuar su legado y garantizar su reinado por muchos años pero con una condición: ella debería elegirlo.

Los años pasaron. El Rey cuidó de su hija, la mimó, la educó, y le dio todo el amor del mundo. El día del décimo cumpleaños de Abigail, padre e hija mantuvieron una conversación:
- Abigail, debo contarte un hecho de suma importancia para los dos. Primero, voy a cumplir el deseo de tu madre. Toma. Esta caja de música y su contenido te la dejó como muestra de su amor y cuidado.
- ¿Qué es lo que contiene la caja, papá?
- Deberás abrirla y descubrirlo por ti misma.
- ¿Y qué es lo que me tenías que decir, padre?
- Lo segundo es que debes contraer matrimonio por el bien del reino. Yo lo elegiré. Aunque esto suceda, mi amor por ti será eterno - omitiendo la especial condición que la Reina le dijo.
- Pero… ¡no quiero! - dijo la joven disgustada.

            Abigail se fue a su dormitorio, abrió su regalo, comenzó a sonar la música y sacó el anillo, el cual tenía un diamante rosa en forma de corazón. Se quedó entusiasmada por lo hermoso que le pareció su regalo. Inmediatamente se lo colocó en el dedo.

            Abigail era una chica obediente pero rechazaba una y otra vez las propuestas de matrimonio que su padre buscaba para ella. Pero el Rey insistía día tras día.
- Padre, no quiero casarme con ningún joven solo por su aspecto o por sus riquezas. Quiero elegirlo por su belleza interior, por amor. Reconozco que me estás presentando a muchos jóvenes pero solo me quieren por ser una princesa. Aceptaré para agradarte pero con una condición -mintió Abigail-. Debes regalarme un vestido dorado como el sol, unos zapatos del color de luna, y un abrigo con todas las pieles del mundo.
-Trato hecho. Conseguiré hacerte un vestido de oro, unos zapatos de plata y un trocito de piel de todos los animales para tu abrigo-, aceptó el Rey y se puso manos a la obra.

Año tras año, el Rey y sus consejeros trabajaron duramente para tener los tres regalos. Sorprendentemente, lo consiguió por lo que Abigail tuvo que cumplir su palabra de casarse. Buscaron por todo el mundo a un joven guapo, fuerte y sabio pero sin éxito. Por fin, un día, los consejeros le proclamaron al Rey: "¡Lo hemos encontrado, Majestad! Vendrá a Palacio mañana". La Princesa fue informada pero no quería casarse con el joven, pues no lo amaba.

Así que esa misma noche, la joven tomó sus regalos, la caja de su madre y huyó del reino lo más lejos posible. Días tras día, semana tras semana, caminó por mil senderos diferentes. Cansada, se recostó en un árbol tapándose con su abrigo, cayendo en un profundo sueño. Al despertar, se asustó porque estaba rodeada de cazadores que la miraban fijamente:
- Por favor, no disparéis. Solo soy un animalillo asustado.
-No eres un animal, eres una chica. ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Toda-clase-de-pieles- mintió- Solo quiero vivir en paz. Dejadme, por favor.
-Vente con nosotros. Comerás y beberás todo lo que desees. Y podrás trabajar en la cocina de palacio.

Uno de estos cazadores era Samuel, príncipe de un reino vecino, pero Abigail no lo sabía. Aprendió a cocinar y disfrutaba de su nueva vida, convirtiéndose en una gran chef. Su fama se extendió por todo el reino. Incluso llegó a pensar en abrir una pequeña pastelería en ese pueblo, viviendo solo de su habilidad en la cocina. Todos los días le preparaba la comida al Príncipe Samuel y se la llevaba a la mesa. Él disfrutaba de su comida, en especial, de sus pasteles. Poco a poco, ella se fue enamorando de él.

Como es normal, el Príncipe Samuel debía casarse y su padre celebraría una fiesta donde invitarían a todas las jóvenes casaderas del reino. Toda-clase-de-pieles también quería ir a la fiesta y le pidió permiso al cocinero real:
-Por favor, déjame ir. Me esconderé para no molestar.
-Mmmm… Está bien… Pero antes de ir, debes preparar conmigo el banquete. Después de la fiesta, vuelve pronto porque hay mucho que hacer aquí en la cocina.
-¡Claro que sí! Muchas gracias.

Toda-clase-de-pieles ayudó al cocinero con los aperitivos y los dulces para la fiesta. Una vez finalizado, se bañó, se maquilló, peinó su cabello, se puso su vestido dorado, sus zapatos plateados y se fue al baile real.

En el baile, ella estaba pendiente de que todas sus creaciones fueran del agrado de los asistentes, en especial de Samuel. En la distancia, el Príncipe la observó en silencio. No sabía qué era pero la notaba diferente a las demás. No se preocupaba ni de su vestido, ni de su belleza, ni siquiera de intentar enamorarle. Le llamó la atención su hermoso anillo con el diamante rosado en forma de corazón. Ella no se percató. Se acercó a Toda-clase-de-pieles y le preguntó:
-¿Me permites este baile?
-Sí, alteza.
-De todas las jóvenes, eres la que más destacas: tu vestido es dorado como el sol y tus zapatos son del color de luna. ¡Son maravillosos!
-Gracias, alteza – dijo vergonzosamente Toda-clase-de-pieles.
-¿Por qué están tan pendiente de la comida?
-Porque… -balbuceó Abigail- Me gusta cocinar, en especial, pasteles.
- ¡Me encantan! Nadie lo sabe pero mi tarta favorita es la de chocolate. Por cierto, ¿cómo te llamas?
-Me llamo…

De repente, Toda-clase-de-pieles se dio cuenta de que era muy tarde y tenía que salir de allí para hacer sus labores. El Príncipe fue tras ella pero las otras invitadas se interpusieron entre él y Abigail. Corrió a su habitación, se cambió de ropa, se ensució la cara y las manos y regresó a la cocina:
-Pero, ¿qué horas son estas de llegar?- preguntó el cocinero.
-Lo siento. Me entretuve.
-Rápido. Limpia los cacharros. El Príncipe quiere un pastel para desayunar. Prepáralo. Cuando acabes, barre y friega la cocina antes de irte.

Toda-clase-de-pieles se puso manos a la obra: limpió los cacharros, barrió y fregó la cocina. Hizo la tarta que al Príncipe tanto le gustaba: la de chocolate. Toda-clase-de-pieles tomó su anillo, separó el diamante del aro y lo introdujo en el pastel. Pensó que sería un bonito regalo para Samuel.

Al día siguiente, Toda-clase-de-pieles cortó pastel de chocolate y se lo llevó al Príncipe para desayunar.
-Alteza, aquí está su desayuno. Le he preparado una rica tarta de chocolate, su favorita.
-Muchas gracias. Déjalo por ahí. Perdona… ¿nos conocemos?- el Príncipe creía reconocer a la joven de la noche anterior pero no estaba seguro.
- No, señor. Solo soy una simple cocinera.

            El Príncipe Samuel cogió su trozo de pastel y comenzó a saborearlo. De repente, algo duro le hizo daño en los dientes. Perplejo, se sacó un diamante rosa de la boca. Lo miró. Observó a Toda-clase-de-pieles y comentó:
- Tú eres la chica de ayer, la chica con la que bailé, la del vestido dorado como el sol y los zapatos del color de luna. La chica que le gustaba cocinar, en especial las tartas. Lo sé porque te confesé que me gustaba el pastel de chocolate y me lo has preparado. Toma. Esto te pertenece. Es la piedra rosa de tu anillo. Recuerdo verla en tu dedo. Me da igual tu condición, quiero pasar mi vida junto a ti. ¿Quieres casarte conmigo?
-Sí, quiero. A partir de ahora, no habrá secretos entre nosotros –aceptó Abigail porque al fin había encontrado a un hombre que la quería por ser ella y no por ser una princesa.

Le confesó que su verdadero nombre era Abigail. Le contó todo lo que había sufrido en los años anteriores por culpa de su padre. Ahora, Abigail se casaría con la persona que realmente amaba y vivieron felices para siempre.



Argumentación sobre los cambios realizados

            El cuento que he adaptado es "Toda clase de pieles" de los hermanos Grimm para niños de edades comprendidas entre los 7 y 8 años. He elegido esta edad porque, a nivel emocional, comienzan a querer tener cierta independencia y empiezan a cuestionar la autoridad de los padres, al igual que le pasa a la protagonista del cuento. Los niños ya se ubican en la tercera etapa de Piaget, la de operaciones concretas: son capaces de comprender los diferentes estados de ánimo, el por qué la protagonista miente a su padre para no casarse con los pretendientes que le propone, distinguen claramente los puntos de vista del narrador y de los personajes, pueden sacar sus propias deducciones... Estamos ante un mejoramiento de la capacidad de pensar (A. Nortes Checa, 1991).

            He tenido en cuenta el interés de los niños a la hora de adaptar el cuento, teniendo presente el cuadro de “evolución de los intereses del niño en relación a la literatura” hecho por Francisco Cubells. Estamos en la etapa imaginativa, donde los temas más tratados y que más les interesan son: los cuentos maravillosos; las narraciones sencillas; cuentos folklóricos y maravillosos (hadas) tradicionales (Perrault, Grimm…); cuentos que le presenten finales felices y justos, que le permitan desarrollar su capacidad para percibir detalles, entre otros. Todo ello, ha sido plasmado en mi adaptación de este cuento de los hermanos Grimm.

Asimismo, se ha reducido significativamente el cuento pues, como dice V. Propp (2006): «Para conseguir una exposición más breve y más viva, hubo que renunciar a muchas cosas que habría apreciado el especialista» (p. 14). Aunque se han dejado los elementos más importantes, se ha disminuido el relato para que los niños puedan seguir el cuento más fácilmente y así poner su atención en estos puntos importantes. No por ello se ha modificado la estructura que los hermanos Grimm realizaron:
- Presentación del espacio y de los personajes.
- Regalo de la Reina para la princesa y promesa del padre.
- Entrega del regalo de la madre.
- Búsqueda de un joven para la princesa.
- Regalos del padre y diversas propuestas de matrimonio que la princesa no acepta.
- Huida y vida en el bosque.
- Llegada a un segundo reino.
- Presentación del príncipe.
- Fiesta para encontrar esposa.
- Reconocimiento del amor verdadero (final feliz).

            Para realizar todos los cambios, me he basado en Bruno Bettelheim (1994): «Tolkien afirma que los aspectos imprescindibles en un cuento de hadas son fantasía, superación, huida y alivio; superación de un profundo desespero, huida de un enorme peligro y, sobre todo, alivio» (p. 165). Así, pues, he procurado que esos cuatro elementos se den a lo largo de mi adaptación:
- Fantasía: el cuento está ubicado en un reino lejano, por lo que cada niño puede imaginárselo como más le guste.
- Superación: Toda-clase-de-pieles consigue remontar diferentes momentos críticos como, por ejemplo, la muerte de su madre, las diversas proposiciones de matrimonio que el rey le presenta y dejar de ser una cocinera para convertirse otra vez en princesa.
- Huida: la princesa abandona su hogar por no querer contraer matrimonio con un joven que no ama.
- Alivio: Toda-clase-de-pieles consigue casarse con el príncipe y ser feliz con él.

            Los cambios realizados son los siguientes:
- Tanto a la princesa como al príncipe, le he puesto nombre para individualizarlos; así, los niños pueden identificarlos más fácilmente y centrar su atención sobre ellos. El nombre de "Abigail" encierra un significado más profundo: al morir su madre, vive felizmente con el Rey, de ahí que signifique "alegría del padre".
- El regalo de la madre era una caja con tres colgantes. Lo he cambiado a una caja de música y solo contiene el anillo de boda (con un diamante en forma de corazón rosa) para centrar la atención en este pequeño elemento. Me gustó la idea de la caja de música porque representa el sentimiento de su madre cada vez que la princesa abra la caja y la escuche.
- El tema del incesto lo he suprimido por un matrimonio de conveniencia, ya que el incesto es un tema que puede resultar desagradable. La princesa rechaza estos matrimonios por no ser por amor sino por interés.
- Acorto los regalos (tres vestidos y el abrigo) para no ser muy repetitivo, sustituyéndolos por un vestido, un par de zapatos y el abrigo, que serán los elementos que le servirá para escapar de su hogar e ir a la fiesta del príncipe.
- La fiesta del Príncipe pasa de tres días a uno, pues considero que vuelve a ser repetitivo, los niños puedan seguir con interés la trama y no aburrirse.
- En vez de preparar un bol de consomé, Toda-clase-de-pieles prepara un pastel de chocolate para el príncipe, elemento mucho más llamativo para niños de estas edades.
- En vez de colocar el anillo en el plato, solo coloca una parte de él para que así el Príncipe lo encuentre y pueda identificarla. Son pasos simples que captan el interés del niño. Así provocamos la sorpresa al receptor.
-Y, sobre todo, he puesto diálogos que sirven para dar viveza al cuento y ser mucho más ameno a los oídos de los niños.


BIBLIOGRAFÍA
- Apuntes de la asignatura de Literatura Española.
- Cuadros de Francisco Cubells.
- Bettelheim B. (1994): Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
- Nortes Checa, A. (1991): Operaciones concretas y formales. Universidad de Murcia.
- Pelegrín, A. (2004): La aventura de oír: cuentos tradicionales y literatura infantil. Madrid: Anaya
- Propp, V. (2006): Morfología del cuento. Madrid: Fundamentos






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